Confiar en Dios más que en uno mismo
La incomprensión de la toma de decisiones de Dios, de Su sabiduría o de Sus atributos no es una razón sólida para rechazar Su existencia. Una parte esencial de este planteo es que, para muchas personas que experimentan dificultades, su comprensión se impone a la de Dios y confían en su interpretación de los atributos de Dios más que en la descripción que Dios hace de Sí mismo. Por ejemplo, un hombre experimenta un grave accidente de coche y a partir de entonces empieza a cuestionar la existencia de Dios, pero poco sabía el hombre que si hubiera seguido conduciendo por la carretera, habría muerto en una colisión mortal. Como ese conocimiento es inaccesible para nosotros, y como hay millones de condiciones y factores simultáneos entrelazados en el universo, queda claro que la perspectiva y el conocimiento del ser humano son extremadamente limitados. Confiar en la sabiduría de Dios por encima de la sabiduría personal, por lo tanto, es más razonable e intuitivo. {Dios no será cuestionado acerca de Sus acciones, pero ellos [la creación] son cuestionados} [Corán 21:23]. La razón por la que no se cuestiona a Dios es que Su sabiduría, misericordia y justicia son perfectas y completas, mientras que la creación es limitada en todas sus facetas. Imagina, entonces, que al mismo hombre del accidente de coche se le diera una visión del futuro −la colisión fatal− y se sintiera humilde y agradecido por haberse salvado. Además, el accidente inicial del hombre fue una oportunidad para que su fe fuera puesta a prueba, para que su rango aumentara, para que sus buenos pensamientos de Dios persistieran y para que sus pecados fueran purificados. Así, después de una hipotética visión del futuro, ¿sería razonable que el hombre volviera a cuestionar a Dios en futuras adversidades, o su fe habría aumentado lo suficiente como para interpretar mejor las dificultades futuras utilizando el marco de la Palabra de Dios? Ibn Taimia escribió:
Algunos siervos de Al-lah pueden conocer parte del sabio propósito [de Al-lah], y lo que está oculto de este puede estar oculto para ellos. Unas personas son preferidas sobre otras en su conocimiento del sabio propósito de Dios, Su misericordia y Su justicia. Cada vez que el siervo aumenta el conocimiento de las realidades de las cosas, aumenta el conocimiento del sabio propósito de Dios, Su justicia, Su misericordia y Su poder (Ibn Taimia, Maymu’ Fatawa).
Si los propios ángeles no tenían conocimiento o sabiduría del por qué fueron creados los seres humanos, y en cambio se contentaron con el “conocimiento general” y la fe, entonces es razonable que el creyente también acepte que las sabidurías específicas podrían no ser nunca plenamente conocidas por nosotros (Ibn Taimia).
La necesidad del libre albedrío
El derivado lógico del libre albedrío es que muchos individuos abusarán de este y violarán los derechos de otros seres humanos, animales y el medio ambiente. El hecho de que los seres humanos hayan sido creados con libre albedrío, con el objetivo mayor y el propósito divino de ser probados, hace necesario que algunos individuos lo utilicen para extender la corrupción por todo el mundo. Este derivado lógico es tal vez la razón por la que los ángeles preguntaron: {"¿Pondrás en ella a quien la corrompa [devastándola] y derrame sangre siendo que nosotros te glorificamos y santificamos?". Dijo: "Yo sé lo que ustedes ignoran"} [Corán 2:30], bastó a los ángeles entender que la sabiduría y el conocimiento de Al-lah estaban más allá de la capacidad de ellos.
En cuanto al tema del libre albedrío, Weisberger sostiene que tal vez “parece razonable” una interpretación diferente del libre albedrío, en la que un ser humano es capaz de elegir “libremente” (es decir, con intención) sin la capacidad de “concretar esa elección” (Michael Martin, Cambridge Companion to Atheism). En otras palabras, Weisberger está sugiriendo un mundo de “libre albedrío” en el que la acción en sí misma no puede realizarse si es mala, lo que socava la totalidad del objetivo de ser probado en esta vida y rendir cuentas por el bien y el mal en la otra vida. En ese ámbito, el concepto de “libre albedrío” se limita a las intenciones y excluye todas las acciones. A partir de ahí, se plantea la cuestión de la intervención de Dios. Si un ateo pidiera que Dios interfiriera e interviniera cada vez que el mal [moral] está a punto de producirse a manos de los seres humanos, entonces la propia prueba carece de sentido, ya que el libre albedrío queda limitado. Si el libre albedrío excluye la capacidad de cometer un daño, entonces los seres humanos no podrían realizar el bien por elección, que es un objetivo primordial de la existencia humana. Weisberger sugiere que los seres humanos deberían tener un súper poder (de Dios) para hacer que un daño visible sea “ineficaz”, pero se limita a presenciar ese mal utilizando su libre albedrío (por ejemplo, presenciar un asesinato). Además, sugiere que los seres humanos pueden seguir cometiendo el mal en privado “sobre víctimas desprevenidas”, si deciden hacerlo. Si ese mundo existiera, entonces ¿qué impediría a los seres humanos seguir cuestionando la sabiduría de Dios al permitir esta [nueva] cantidad de sufrimiento en el mundo? ¿Cuánto es demasiado o muy poco antes de reconocer la limitación humana en ese discurso? Desgraciadamente, una vez más, estas sugerencias exponen la extrema subjetividad de la perspectiva humana, las extremas limitaciones del conocimiento y de la sabiduría humana, y la incapacidad de determinar lo que se considera objetivamente como cantidades razonables de sufrimiento en este mundo. Además, la vida después de la muerte en la teología islámica ortodoxa es de verdadera justicia, castigo y recompensa, en una escala que va más allá de la comprensión humana, y el libre albedrío humano ejemplificado en este mundo tiene responsabilidad en la otra vida.
El significado de la recompensa eterna
Entre las muchas reflexiones sobre la solución islámica al problema del mal está la de que esta vida no es solo una prueba, sino que la otra vida proporciona una vía para la recompensa eterna. De esta manera, un siglo de sacrificio sería insignificante comparado con una eternidad en el Paraíso, un lugar libre de toda forma de sufrimiento e impureza [Corán 15:48]. En la narración profética auténtica que aborda esto, dice:
... La gente que más sufrió en la vida mundana de la gente del Paraíso vendrá el Día de la Resurrección para ser introducida en él, y entonces se dirá: “Oh, hijo de Adán, ¿has vivido alguna dificultad? ¿Experimentaste alguna angustia?”. Él dirá: “¡No, por Al-lah, mi Señor! No he vivido ni una sola vez una dificultad, no he experimentado ni una sola vez una angustia” (Muslim).
Así, una faceta de la teodicea islámica es que un segundo en el Paraíso elimina toda una vida de penurias y sufrimientos, y el primer momento en el Paraíso es tan abrumadoramente dichoso que borra los potentes recuerdos y el dolor de la adversidad anterior. Es por esta razón que eruditos como Ibn Taimia opinaron que el sufrimiento nunca es absoluto y nunca supera el bien que se recompensa a quien sufre. A la luz de la recompensa eterna a cambio de una vida humana de luchas fluctuantes, queda claro que existen innumerables posibilidades para cada suceso de dificultad. Por ejemplo, un hombre que pasa por dificultades puede haberse convertido en un malvado o haber causado la corrupción en el mundo si no fuera por su propia adversidad y, como resultado, muchos otros son protegidos del daño y el hombre también termina en el Paraíso. Una mujer en el extremo receptor de la opresión puede experimentar la injusticia, incluso en los sistemas legales, pero reconoce que en última instancia, después de todos los esfuerzos mundanos para la justicia, todavía habrá una vida eterna de recompensa y compensación. Lo que es difícil de captar en el momento mismo del dolor y la calamidad es el conocimiento de lo no visto, y reconocer y aceptar que todo lo decretado para el creyente es, en última instancia, bueno para él o ella.
Una mujer que quería abrazar el Islam preguntó, solo unos minutos antes de islamizarse, si el fuego del Infierno era una creencia teológica esencial en el Islam; se le contestó afirmativamente y se le preguntó el motivo de su pregunta, la mujer respondió que había sido violada y maltratada en múltiples ocasiones y que no podía imaginar una vida después de la muerte que no consistiera en el castigo de las personas que cometían horrendas maldades, en particular de los individuos sin remordimientos que eludían las consecuencias mundanas. Para esta mujer en particular, la noción de justicia en la otra vida era suficiente junto con la sabiduría de Dios, y la creación del libre albedrío por parte de Dios como creencia teológica moral para hacer frente al mal horrendo. Además, el énfasis que pone el Islam en la utilización del libre albedrío para evitar la injusticia (por ejemplo, la violación, el homicidio, el racismo, la violencia medioambiental), junto con las creencias jurisprudenciales y teológicas en torno a las nociones del bien y del mal, la convencieron aún más de la verdad del Islam. Sin embargo, la creencia en una vida después de la muerte no justifica el abuso continuo en esta vida, ni la creencia en la recompensa eterna debe animar a los creyentes en este mundo a aceptar el abuso continuo cuando pueden aliviarse a sí mismos y a otros de él. Se dice que el Profeta Muhammad, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, dijo: “Ni perjuicios ni venganzas” (Sunan Ibn Maya). Además, Al-lah dijo: “Oh, siervos Míos, ciertamente Me he prohibido la opresión para Mí Mismo y la he prohibido entre ustedes, así que no cometan opresión unos contra otros” (Hadiz Qudsi) (Muslim).
En cuanto a las catástrofes naturales más graves, como los tsunamis y los ciclones que se cobran miles de vidas, la teodicea islámica es la más sólida, ya que muchos individuos inocentes suelen ser considerados mártires en esos escenarios (merecedores del Paraíso); a muchos otros se les apartó del sufrimiento futuro o presente y quizá se evitó que algunas de las víctimas extendieran el daño presente y futuro por el mundo. Al mismo tiempo, los que no son afectados por las catástrofes naturales son puestos a prueba por su decisión voluntaria (libre albedrío) de ayudar a los necesitados, lo que beneficia y purifica los corazones de todas las partes implicadas y eleva los rangos de los que prestan ayuda.
En cuanto al sufrimiento de los niños inocentes, una vez más, hay innumerables sabidurías posibles para explicar por qué un niño sufre o muere en un escenario determinado. La muerte de un niño puede ser el motivo del ingreso al Paraíso de sus padres, mientras que la muerte de otro niño puede ser la prevención de otro genocidio. Sin embargo, la recompensa para los padres pacientes es la felicidad eterna: “Se les dirá a los niños en el Día del Juicio: ‘Entren al Paraíso’. Ellos dirán: ‘Señor nuestro, [no podemos] si no entran nuestros padres’. Al-lah Todopoderoso dirá: ‘¿Por qué veo que dudan de entrar en el Paraíso?’. Dirán: ‘Señor, nuestros padres’. Al-lah dirá: ‘Entren al Paraíso todos ustedes y sus padres” (Musnad Ahmad).
De esta manera, la intercesión del niño por sus padres es una posibilidad de las muchas que existen para explicar por qué la muerte del niño implicó una sabiduría mayor, que en realidad no era “mala”.
Un hombre llamado Jalid Al ‘Absi dijo: “Un hijo mío murió y sentí un intenso dolor por su pérdida. Le pregunté a Abu Huraira: ‘¿Has oído algo del Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, para poder alegrarnos respecto a nuestros fallecidos?’, me respondió: ‘He oído al Profeta, la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, decir: Sus hijos deambulan libremente por el Jardín’” (Bujari).
Aunque la prueba en sí misma es severa y difícil, la pregunta mencionada se plantea una vez más: ¿cuál es la alternativa sugerida? Si es una vida sin muerte, sin sufrimiento y sin dolor, entonces es el Paraíso lo que se busca. Curiosamente, un argumento ontológico para la existencia del Paraíso tal y como lo describe el Islam, un lugar de pura perfección y sin sufrimiento alguno, es el hecho de que todos los seres humanos desean innatamente una vida sin sufrimiento ni molestias. Entonces, tal vez sea un recordatorio constante para que el ser humano explore las vías hacia una morada eternamente dichosa.
Continúa...
- Sección:
Purificación del alma


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