
Si Dios es Bondadoso, Omnipotente y Omnisciente, ¿por qué existe el sufrimiento o el mal? Dado que el sufrimiento es una experiencia humana compartida, a lo largo de la historia se han planteado preguntas sobre el propósito del mal y cómo lo explica el teísmo ortodoxo, entre otras teologías. En los últimos siglos, el auge del secularismo y el ateísmo ha llevado a un aumento del cuestionamiento de la existencia de Dios a través del problema del mal. Este artículo pretende examinar los fundamentos lógicos y probatorios del problema, así como sus principales falacias y los supuestos probabilísticos subyacentes. Como se demostrará, la teología islámica ortodoxa ofrece una solución definitiva racional, intuitiva y con múltiples perspectivas al problema del mal.
Introducción
El sufrimiento es un fenómeno global. En sus diversas formas, el sufrimiento ha sido experimentado por los seres humanos a lo largo de la historia y está entrelazado con la propia existencia humana. Dice el Corán: {… creé al ser humano para una vida de continuas dificultades} [Corán 90:4]. ¿Por qué y cómo existe el sufrimiento si Dios es Bondadoso y Omnipotente? ¿Existe un motivo o un significado detrás del sufrimiento? ¿Existe el mal de forma objetiva? Las preguntas sobre el mal, el bien y la toma de decisiones por parte de Dios suelen plantearse en tiempos de adversidad, y las creencias religiosas intentan responder esas preguntas como ninguna otra autoridad puede hacerlo. En muchos casos, las situaciones calamitosas o estresantes pueden plantear preguntas existenciales (por ejemplo, “¿cuál es el propósito de la vida?”) o pueden conducir a una importante crisis de fe. Las explicaciones sobre el sufrimiento tienen importantes ramificaciones en la teología, la filosofía, la sociología, la política y la psicología, y a menudo el entrelazamiento de diversos elementos en un escenario determinado magnifica la importancia de comprender el sufrimiento. En las últimas décadas, numerosos estudios han sugerido que la “lucha divina” (por ejemplo, la ira contra Dios, sentirse castigado o abandonado por Dios) se asocia con impactos negativos en la salud mental, mientras que las percepciones positivas de la benevolencia de Dios (y el hecho de que Dios permita el sufrimiento) se asocian con el ajuste. Por lo tanto, un estudio adecuado del sufrimiento tiene el potencial de beneficiar prácticamente a personas de diversos orígenes en la vida cotidiana.
Para los teólogos musulmanes, el sufrimiento y el mal se entienden a la luz de la sabiduría, el conocimiento, la benevolencia, la voluntad y el poder de Dios. Para muchos ateos, el problema del mal supone “la amenaza más fundamental para el concepto occidental tradicional” de Dios, concretamente el Dios Omnipotente, Omnisciente y Benevolente del teísmo ortodoxo (Michael Martin, Cambridge Companion to Atheism). Si no se puede explicar el mal, argumentan sus defensores, entonces “la creencia en el concepto occidental tradicional de Dios es absurda” (Michael Martin, Cambridge Companion to Atheism). Sin embargo, si se puede explicar el mal, el argumento pierde su legitimidad. Este ensayo examina el problema contemporáneo del mal y sostiene que el Islam ofrece una solución con múltiples perspectivas, racional e intuitiva al problema.
Antecedentes del problema del mal
La cuestión de por qué existe el sufrimiento ha sido examinada desde la época de los filósofos griegos, aunque en diferentes formas. Una famosa versión del siguiente trilema (elección entre tres opciones, donde todas parecen desfavorables) se atribuye vagamente al filósofo griego Epicuro (m. 270 a.C.) :
¿Quiere (Dios) impedir el mal, pero no puede? Entonces no es Omnipotente (Todopoderoso). ¿Puede, pero no quiere? Entonces no es Benevolente (el más bondadoso). ¿Puede y quiere? Entonces, ¿por qué existe el mal?
Si avanzamos hasta la época actual, nos encontramos con que el problema del mal se reconoce ampliamente como una justificación principal del ateísmo hoy en día, así como un intento aparente de cuestionar la creencia en la existencia de Dios o la creación de este mundo por parte de Dios. El problema del mal surge debido a dos afirmaciones aparentemente contradictorias: 1) la afirmación de que Dios (con atributos específicos) existe, y 2) la afirmación de que el mal real existe en el mundo. La falta de soluciones adecuadas y completas al problema del mal, para los ateos y los teístas vulnerables, parece proporcionar “un apoyo prima facie al ateísmo”. Aunque el problema del mal ha sido examinado y abordado durante muchos siglos por teístas y ateos, han surgido modificaciones y extensiones recientes, que requieren un breve tratamiento.
Cabe señalar aquí que abordarlo como el “problema del mal” es potencialmente problemático en sí mismo, porque numerosos problemas “aparentes” surgen en formas multifacéticas cuando se aborda la realidad del mal. Cuando sea posible, las formas, los argumentos y las premisas particulares se abordarán específicamente para limitar el enfoque y la profundidad de este ensayo. Además, hay que tener en cuenta que las respuestas a la cuestión del sufrimiento dependen a menudo de la persona que pregunta y de sus circunstancias. Por ejemplo, uno podría dar una respuesta intelectual o filosófica, mientras que otra situación podría requerir un enfoque espiritual o emocional. A través de la lente islámica, este ensayo intentará entrelazar las dos facetas de la respuesta.
Por lo general, en la filosofía occidental, la deidad a la que se hace referencia en el problema del mal es la que se encuentra en el teísmo ortodoxo del Islam, el cristianismo y el judaísmo, entre otras teologías teístas. Es crucial señalar que los argumentos del mal “no refutan la existencia de Dios per se”, sino un concepto específico de Dios, a saber, “uno que posee los atributos de omnipotencia, omnisciencia y benevolencia” (Michael Martin, Cambridge Companion to Atheism). Por lo tanto, la deidad a la que se hace referencia en este ensayo es el Dios Único que es Omnipotente (Todopoderoso), Omnisciente (Todo lo sabe) y Benevolente (el más benevolente) (este atributo se utiliza a veces indistintamente con el de Misericordioso o Amoroso).
¿Qué es el sharr (mal)?
Los tipos de mal a los que se hace referencia en los argumentos filosóficos sobre el sufrimiento pueden ser físicos, emocionales, locales o globales, y afectan a las criaturas que las sienten en distintos grados, como la hambruna de millones de niños o las severas catástrofes naturales. Además, el “mal” suele clasificarse en ese discurso como mal moral o mal natural.
El mal moral se refiere al indebido uso del libre albedrío por parte de los agentes morales, que va desde lo que los valores seculares podrían percibir como menos grave (por ejemplo, mentir y calumniar), hasta males morales más graves como el tráfico de personas y la tortura. El mal natural, por otro lado, se refiere a los sucesos de maldad provocados por leyes y procesos naturales, como huracanes, terremotos y tsunamis. Una clasificación más reciente del mal en términos de magnitud es el mal horrendo, que es un mal tan severo que hace dudar sobre si la vida del participante podría ser un gran bien para él en general. Ejemplos de mal horrendo son la violación, el genocidio, el abuso de niños, etc. La mayoría de las veces, quien busca una respuesta a la versión común del problema del mal se centra en los escenarios más extremos (por ejemplo, horrendos) y/o en procesos naturales desastrosos (por ejemplo, un tsunami que mate a miles de personas inocentes), aunque en el discurso común se puede hacer referencia a todos los tipos de males. Si bien el problema del mal parece plantear un problema para el teísmo, en realidad plantea dificultades para el ateísmo, dificultades que posiblemente no puedan superarse con certeza (iaqin), como lo hace la solución islámica.
En la teología islámica, el mal (sharr) ha sido definido de diversas maneras por diferentes eruditos. Ibn Sina, por ejemplo, definió el mal como insuficiencia (naqṣ) o privación (falta de bien/’adam), pero argumentó que era necesario para que ciertas cosas existieran. El ejemplo más citado de Ibn Sina es el del calor del fuego; aunque puede quemar y dañar a los seres vivos, su calor es necesario para ser lo que es (es decir, fuego). Ar-Razi, por otro lado, percibió la comprensión general del “bien” y del “mal” como sinónimos de lo que culturalmente se entiende (al ‘urf al ‘amm) como placer y dolor. Az-Zamajshari explicó el mal, como en el segundo verso de Surat Al Falaq, como el mal de los seres humanos (por ejemplo, matar) o de los animales sin obligaciones morales (por ejemplo, insectos mortales) [Corán 113:2].
Ibn Taimia, que escribió extensamente sobre el bien, el mal y la sabiduría de Dios, presentó varias tipologías para el “mal” y lo que conlleva. Por ejemplo, Ibn Taimia opina que algunos de los sucesos del mal son relativos, y aquello que los humanos perciben como mal absoluto es en realidad bueno a la luz de la sabiduría de Dios (más adelante se analizan ejemplos de ello). En otro lugar, da ejemplos de males percibidos, como el dolor y la enfermedad, que contienen un propósito divino y sabio, aunque no siempre los reconozcamos. En este ensayo, las clasificaciones contemporáneas del mal (moral, natural y horrendo) se referenciarán con explicaciones clásicas y contemporáneas.
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